
Ya está aquí. Otro año más. No lleva mucho viniendo, pero bien que se nos ha colado. Y sin preguntar quién tenía la vez. La "fiesta" de Halloween se ha colado en la vida del españolito medio como el novismo más novísimo y como lo más guay del paraguay. Quién no monta una fiesta por Halloween ni se disfraza no está a la moda. Es un carca, un retrógrado. Definitivamente, hemos sucumbido. Hemos claudicado. Somos más españoles que nada cuando ganamos un Mundial, pero a nuestra propia cultura la despreciamos y la olvidamos.
En tragarnos lo que nos meten la televisión y las empresas para que seamos felices e ignorantes consumidores, somos los mejores. Si hubiera un Mundial de esto, también lo ganaríamos. La imposición cultural un año más llama a nuestra puerta. Y la recibimos con una sonrisa en la boca. ¿Trick or treat? ¿Truco o trato? Con nosotros tenéis el trato asegurado.
Que conste que me parece una manifestación cultural excelente y que hay que conservar. Si viviera en un país de tradición anglosajona sería el primero en celebrar el Halloween, de hecho, como tengo familiares en Estados Unidos incluso he compartido algún Halloween con ellos, pero me parece una aberración como se ha colado en el calendario de festividades del españolito. En Halloween toca comprarse un disfraz, botellona y fiesta en algún sitio. Si no, estás fuera de la moda, tío.
Cada cultura se entiende en su lugar y es así como se garantiza la variedad y la riqueza cultural de cada sitio. Precisamente esa riqueza es tal, por ser única y exclusiva. Una manifestación genuina, entendida en su contexto. Por su significado. Por su historia. No veo a los ingleses ni a los americanos sacando pasos de Semana Santa, ni haciendo romerías, ni montando chirigotas por Carnavales. A nosotros, con Halloween ya nos la han colado. Como con el fast food de la entrada anterior, todo nos lleva a ser uniformes. A la variedad cultural, ¡que le den calabazas!
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