Es escurridiza como pocas. La buscamos a veces, y no la encontramos. Otras veces, ella nos viene a buscar sin previo aviso, viene a nuestro encuentro sin pedir permiso. Es la divina inspiración, la amante del poeta, del escritor y de los que, en nuestra vanidad, jugamos a serlo. Es la compañera que, como la marea, viene y se va. A ella le dedico este pasodoble.
Esta noche he salido
En tu busca desesperado
Tú mi amada compañera
¿Dónde te andas ocultando?
Tú que fuiste mi sosiego
Tú, mi fuerza en los lamentos
Y fuiste al tomar mi mano La luz de mis pensamientos
Te busco y no te encuentro por ahí
No estás en casa, Tampoco estabas junto al mar, allá en la playa
Donde recuerdo las caricias que me dabas
Mientras las olas chocaban en las murallas
Maldita amante,
Desapareces en el más preciso instante
Me das, luego me quitas
Y me quitas, y me das
Y tú me has dado tanto
Que no te quiero soltar
Y te he querido tanto
Que al no estar a mi vera
No sé cómo escribirte
Divina compañera
Eres como marea, que viene y se va
Y este loco te busca y te logra encontrar
No uses de tus artimañas
Que ya tú a mí no me engañas
Te encontré en esta canción
Qué bonito nombre tienes
¡Ay divina inspiración! El vídeo, como podéis ver es de uno de los ensayos de la comparsa y esta letra nació en uno de esos momentos en que a uno le falta la inspiración. Tenía que escribir y no me salía nada. Había que invocar a las musas y qué mejor forma de hacerlo que, escribiéndole. Finalmente, se hizo el pasodoble y la letra salió. Mejor o peor, con mayor o menor acierto pero las musas hicieron caso a la invocación esta vez. Aproveché y salió esta canción. Para cuando las musas me abandonen...