domingo, 24 de julio de 2011

Era un verano, tiempo atrás


Las tardes eran largas. Las antenas de la televisión analógica partían los ya macilentos rayos del sol. El muñeco de Cruzcampo pesaba lo que tenía que pesar. Cada cosa se llamaba por su nombre. Nos dejábamos de milongas.

Las azoteas eran casi torres vigías. Desde ella se divisaba al canalla, a la pareja que se daba el último beso del día a hurtadillas y se intuían animadas conversaciones entre vecinas. La sociedad iba a pie y por la acera. Los niños venían descalzos de la playa y había pupilos en las casas que eran unos cuantos más de la familia en cuanto la primera hoja del mes de julio colgaba del calendario. Era un verano, tiempo atrás.

4 comentarios:

  1. Un ratito en una azotea al atardecer con una de la cruz es un privilegio que pocos hemos disfrutado. Unas horas más tarde solo hay algo comparable: Un ratito en la casapuerta reclinado en una silla de eneas, con una paquete de pipas de la rana, viendo cómo las salamanquesas se zampan las palomitas que acuden a las bombillas de la calle.
    Un cordial saludo.

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  2. La tranquilidad de un "dejarse caer" en el atardecer más bello del mundo, no tiene precio.

    Saludos

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  3. Por fin puedo dejarte un comentario, desde el 24 de Julio tienes abandonado el blog, imperdonable, de todas formas un saludo desde Cádiz Mamé.

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  4. Salir a la puerta de la calle al fresquito y ver pasar la gente y las horas sin prisas y en paz.

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