
La lectura, forma de abrir los ojos y la mente. Frente a la lectura condescendiente con nosotros mismos que sólo busca la forma de que nos reafirmemos en nuestra opinión, hoy invito a todo el mundo a que lea aquello que remueve su pensamiento. Que empiece a dudar de si lo que antes daba por seguro es tan cierto o no. Que cuestione, que piense. Que nunca lo dé todo por conocido. Que se atreva a conocer formas distintas de ver las cosas divinas y mundanas.
Enfréntate a ti mismo, renuévate, supérate o confirma (a través del conocimiento de formas distintas) lo que antes ya pensabas. Pero lee, escucha y habla abiertamente. Bendito remedio contra la atrevida ignorancia.
Me gusta el desafío que nos propones. Es saludable chequear de vez en cuando nuestros principios y convicciones, para reafirmarnos en ellos y/o para evolucionar. Un abrazo amigo.
ResponderEliminarDebería ser un ejercicio diario, fomentado desde la adolescencia y regulado hasta la vejez. Es difícil, pero no es imposible aunque muchos digan que son así de toda la vida y no van a cambiar ahora... Me gusta el desafío también.
ResponderEliminarCierto María, aunque a veces sea bien bonito encontrarse con la soledad leyendo un libro. La soledad es una compañera que en estos tiempos en que hacemos todo con tanta bulla dejamos de lado a veces, y tiene el poder de ser odiada por aquellos que la tienen constantemente consigo, pero amada y disfrutada por aquellos a los que sólo da pequeños sorbos.
ResponderEliminar...pero el que no ha cogido nunca un libro, puede acabar como Belén Esteban...
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